Colaboración y equidad en la limpieza del hogar

Nuestra casa es ese lugar que añoramos para disfrutar, descansar, compartir y resguardarnos, es por ello mencionar que todos debemos ayudar en las tareas del hogar parece una obviedad, una frase de esas que recuerdas decía mamá: los sábados de asear la casa. Pero hay mucho más de cierto de lo que uno puede pensar.

Más allá de los valores que hayamos heredado, si somos o no tradicionalistas, si creemos o no en un hogar donde la mujer se queda en la casa y el hombre trae el sustento, es importante entender que un individuo que no sabe desarrollar los más simples quehaceres de la casa es un náufrago que no sabe nadar.

Tarde o temprano, la gran mayoría de los adultos nos debemos enfrentar a cosas tan cotidianas como barrer, trapear, lavar los trastes o la ropa y no saber lidiar con este tipo de desafíos hogareños es todo lo contrario a una virtud pues se vuelve una tarea que asumir de pronto y de un solo trago.  Cuando decidimos o aspiramos a ser individuos autónomos, no podemos depender de que alguien más nos ayude con esas labores del hogar que sin duda en primera instancia nos benefician a nosotros mismos, pues se vuelven una expresión de autocuidado y sensación de merecer una hogar saludable por higiénico, bello y que brinde paz.

Es por esto que de ninguna manera el cuidado del hogar es un tema de género y en todo caso, ¿no deberíamos romper estereotipos?, del mismo modo que una mujer hoy en día puede cambiar una llanta o resolver una falla mecánica en la carretera y que sin duda les dota de independencia y autosuficiencia. ¿No sería la misma sensación cuando no requieres todo el tiempo marcarle a la madre, hermana, tía, prima o pareja para preguntarle qué va primero, el detergente o el suavizante? Sin duda, eso sería un extra en la escala de autonomía humana y de amor a sí mismo.

A todo esto, le debemos sumar que es un hecho de respeto y amor a la mujer no pretender que sea sólo ella quien realice tareas que son por el bien de todos, como las referidas a la higiene de la casa. En una época donde la lucha por la igualdad está tan en boga, apoyar en la liberación del estereotipo histórico en el cual se les concebía como servidora de los varones, en un acto tan simple como asumir la responsabilidad que le corresponde a cada miembro del hogar en su cuidado, se menosprecia del valor que tiene como acto prácticamente revolucionario.

Muchas veces, los jóvenes y parejas, en particular los varones no sabemos qué aportar o cómo contribuir para hacer de ésta una sociedad cada vez más igualitaria que busca el bien común, donde nadie esté obligado por defecto a hacer algo que limite su libertad de elección, nada que no se consensue en pareja o con los demás miembros de la casa. Y comenzar en lo cotidiano, compartiendo las responsabilidades de hacer del hogar un espacio agradable y cálido, es un excelente primer paso.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share This